viernes, mayo 09, 2008

 

AMIGO A CARTA CABAL Y DE UNA LEALTAD A TODA PRUEBA

Mario Gálvez Narro
Antier, pasadas las 8 de la noche, en su departamento en la Ciudad de México, el reconocido periodista lagunero Antonio Jáquez Enríquez sufrió un grave derrame cerebral, que, al momento de escribir estas líneas, lo tiene al borde de la muerte.
Sin duda alguna, Antonio Jáquez ha sido el periodista lagunero más influyente de su generación.
Si alguna palabra pudiera definirlo en su vida privada y en su ejercicio profesional esa palabra es, qué duda cabe, congruencia. Antonio vivía como pensaba y pensaba como vivía.
Lo conocí en La Opinión por el 86, cuando llegaron a la dirección del diario los hermanos Eduardo y Gerardo Guerrero Martínez, amigos de muchos años de él.
Muy pronto comenzó a destacar con reportajes de alto impacto político y social, que eran resultado de investigaciones exhaustivas y de su apego a fuentes documentales.
Entre otros recuerdo sus reportajes sobre las corruptelas del Banrural y de su gerente Grosso Montemayor, quien en complicidad con el entonces incipiente empresario Hassan Manzur y de la corrupta dirigencia cenecista que encabezaba Héctor Hugo Olivares Ventura, llevó a la ruina a miles de ejidatarios laguneros y a que Hassan se apoderara de numerosos bienes propiedad de éstos.
Hasta antes de él el periodismo de investigación era prácticamente desconocido en la región, pues la mayor parte de los reporteros de limitaba sólo a tomar declaraciones de sus fuentes oficiales, sin ir más allá de lo oficial o de lo 'políticamente correcto'.
La gran libertad con la que siempre se manejó en su ejecicio periodístico, primero en La Opinión, luego en la revista Brecha, después en Noticias y finalmente en Proceso, tanto como reportero como, después, asesor de su dirección, fue resultado de su conciencia ética.
Eso le permitió abordar a profundidad muchos temas que otros no podían por resultarles comprometedores, sobre todo en el aspecto económico.
Pero eso que le permitía a él destacar ponía en evidencia a otros, por lo que generó no pocas envidias y un ambiente negativo en torno de su persona, promovido por boletineros al servicio de líderes agrarios y políticos mafiosos.
Pero bien dice el refrán "no hay mal que por bien no venga", pues el salir de los medios locales le permitió conseguir la corresponsalía de Proceso en La Laguna y después en Monterrey, donde llevó a cabo una labor periodística de primer nivel en un medio empresarial que se consideraba intocable.
Para él nada era intocable ni mucho menos sagrado, y debía ser sometido a una crítica rigurosa. Su espítitu festivo e irreverente, a ratos provocador, era parte esencial de su personalidad.
Antonio no sólo rompió moldes en el periodismo, un periodismo anquilosado con el poder y por el poder, sino en las relaciones humanas.
Para él los convencionalismos y los prejuicios sociales sólo servían para la infelicidad de las gentes, por lo que vivía como creía que la vida, su vida, debía vivirse, siempre de manera honesta y apasionda.
Amigo a carta cabal y de una lealtad a toda prueba, Antonio siempre estuvo del lado de la verdad y de la justicia.
Cuando un grupo de trabajadores y reporteros promovió un paro loco para sacar a los hermanos Guerrero Matínez de la dirección del diario, paro promovido por el sindicato y auspiciado por una parte de los mismos accionistas, Antonio siempre estuvo del lado de la razón y en contra de los golpistas, lo cual le granjeó enemistades que terminaron por hacerle la vida imposible.
Pero si esos personajes mediocres de los que hoy nadie se acuerda querían dañarlo, a la postre le hicieron un bien pues Antonio se vio obligado a buscar otros horizontes para su desarrollo profesional, lo que le abrió las puertas del periodismo nacional y con el tiempo lo consolidó como uno de los reporteros más prestigiados de esa revista.
Aun cuando su profesión era de Contador Público, egresado de la antigua ECA, su espíritu inquisitivo lo desarrolló en el periodismo, del que hizo su razón de vida. Olga Quirarte Ramírez y Domingo Deras Torres se encuentran entre sus más fieles amigos en la región.
Fue Domingo quien ayer por la tarde me dio la noticia de su accidente vascular.
Por desgracia, por la noche se confirmó la muerte cerebral de mi querido amigo, a quien siempre llevaré en el corazón.





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