domingo, noviembre 11, 2007

 

ENTREVISTA CON ELBA ESTHER

No soy un ángel, pero nunca he robado: Elba Esther La líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación jamás ha negado que es una mujer acaudalada. “Vivo muy bien... pero nunca he robado ni matado”, afirma
RICARDO RAPHAEL*El UniversalDomingo 11 de noviembre de 2007
La brisa salina se desliza lenta sobre el lujoso fraccionamiento de Coronado Cays. La gran mayoría de las residencias de ese espléndido lugar poseen techos de dos aguas recubiertos por teja roja. El clima caluroso de San Diego, California, hace innecesarias las chimeneas que resaltan a la distancia. Sólo se utilizan durante el breve invierno, cuando los fríos vientos recorren el paisaje.
Las paredes de las construcciones están pintadas en tonos pastel: rosas y cremas. Algunos de sus dueños, sin embargo, han preferido el color blanco. En cada esquina hay una jardinera decorada con pequeñas flores púrpuras y amarillas. Según las compañías inmobiliarias que trabajan en la zona, el costo de una mansión dentro de esa privilegiada creación arquitectónica oscila entre el millón y los 4 millones de dólares. Y es que Coronado Cays es una marina donde varios cientos de yates dormidos pueden esperar a sus dueños durante semanas y meses.
Se llega cómodamente a ella a través de la carretera estatal número 75. Luego, el residente accede a su vivienda —dejando el mar tras sus espaldas— recorriendo calles con nombres tan simpáticos como el de Tortuga Verde. Miles de palmeras simétricamente plantadas se extienden a lo largo de ese complejo urbano. Aquí ha encontrado sosiego la profesora Elba Esther Gordillo Morales. Lejos del ruido, las envidias, el machismo y la decepción que le dejaron sus compañeros de oficio durante los últimos años. Su salud no está bien, pero en este lugar a veces logra olvidarse de sus enfermedades renales.
Aquella casa ha sido depositaria de muchos de los secretos de la profesora. Y también de varios documentos que por ningún motivo deberían ir a parar ante los ojos de las autoridades mexicanas. Ahora, sin embargo, vive en un búnker donde sólo personal de su confianza puede traspasar los varios controles de seguridad que ese complejo residencial ofrece a sus exclusivos habitantes.
Por esa casa han pasado políticos, periodistas, empresarios y también la visita con frecuencia su familia. El teléfono sigue sonando como cuando viviera en México, pero es muy distinto tomar las llamadas vestida con cómodas ropas para la playa, que hacerlo en traje sastre y tacones altos. Ahí está protegida de sus enemigos y quizá también de ella misma.
Mirándolo objetivamente, no le fue tan mal después de que abandonara su cargo como legisladora. La armadura económica y política de su poder siguió creciendo a pasos agigantados durante los últimos años del mandato del presidente Vicente Fox Quesada. En cambio, con respecto al PRI la situación se había tornado cómica. En su esfuerzo desesperado para que la profesora no abandonara ese partido, varios gobernadores del tricolor fueron a rogarle que se quedara. También Roberto Madrazo Pintado pasó por Coronado Cays. Fue a proponerle que ocupara su cargo como presidente del tricolor, y a cambio sólo le solicitó que lo apoyara como candidato durante la campaña de 2006. Ella respondió que no. Dijo que le había perdido la confianza.
Visto desde aquel paraíso en San Diego, California, era un absurdo regresar a México para hacer política con el PRI. Todas las ventajas de su situación personal estaban puestas en otra parte. Sólo sus correligionarios se negaban a verlo. El gobierno en turno era el único que podía ayudarla para que su estructura económica y sindical siguiera funcionando como ella quería. En tiempos del partido hegemónico, la autonomía del SNTE era vulnerable. En cambio, con el foxismo, su feudo dentro del Estado estaba bien resguardado. El primer presidente de la oposición había sido muy generoso con ella.
Gracias al gobierno panista pudo arreglar el desorden financiero en el que se encontraban algunos expedientes del magisterio. Éste le entregó importantes sumas de dinero para que saneara las cuentas del Fideicomiso para la Vivienda Magisterial (VIMA); le otorgó también fondos para desarrollar el proyecto Nuevas Tecnologías propuesto por el SNTE; le entregó control sobre el ISSSTE, así como sobre el Fovissste, y hacia el final del mandato también le donaría la Lotería Nacional.
Pero lo más importante para la profesora Gordillo Morales fue que, producto de la transición democrática mexicana, obtuvo un gran margen de discrecionalidad para manejar las cuotas del magisterio, los intereses que dejaron los fondos de pensión, las inversiones inmobiliarias del SNTE, los recursos que los gobernadores aportan al sindicato, los novedosos programas de la SEP y los negocios privados que se pueden hacer cuando uno cuenta con una red humana compuesta por tantos maestros.
LOS 300 CENTENARIOS DE LA PROFESORA
La profesora Elba Esther Gordillo Morales se ha encargado de hacer público que es una mujer rica. Así lo demuestran sus joyas, sus vestidos, sus accesorios y, sobre todo, sus propiedades. “Vivo muy bien y no soy un ángel... pero nunca he robado ni matado”, declaró el 31 de julio de 2003 al periodista José de Córdoba, del periódico The Wall Street Journal.
Según ella, el origen de su fortuna personal comenzó en 1973 cuando, a su muerte, el abuelo, Rubén Morales Trujillo, le heredó un millón de (nuevos) pesos (coincide ese tiempo con sus primeros ascensos como líder del magisterio. Cabe recordar que en 1970, de la mano de Carlos Jonguitud Barrios, la profesora pasaría a formar parte de Vanguardia Revolucionaria y, alrededor de 1973, ocuparía el cargo como jefa de delegación del SNTE en Ciudad Nezahualcóyotl).
Según José Martínez, quien redactara la primera biografía política de esta líder del magisterio, los familiares de la profesora en Comitán, Chiapas, niegan veracidad sobre el monto de tal herencia. El señor Mario Morales Ochoa, hermano de la madre de Elba Esther Gordillo, aclaró que el legado económico dejado por el abuelo a su nieta fue de 300 centenarios. A precios actuales esta cantidad sumaría 2 millones 610 mil pesos.
A pregunta expresa de la periodista Elena Gallegos, del periódico La Jornada, la profesora dijo en septiembre de 2005 que ella no se dedicaba a los negocios y que lo único que había hecho en su vida era comprar casas con el dinero que le dejara su abuelo. Y, en efecto, a partir de 1983 —10 años después de que recibiera la supuesta herencia familiar— la profesora y su familia comenzarían a adquirir un patrimonio inmobiliario considerable.
Según el reportero de la revista Proceso Antonio Jáquez, el ex marido de Gordillo Morales, Francisco Arriola Urbina, compró en 1983 una primera propiedad ubicada en el Paseo de los Ahuehuetes Norte número 501 del fraccionamiento Bosques de las Lomas, municipio de Huixquilucan, estado de México. El precio en la compra de ese inmueble habría sido de 40 mil dólares. Esta casa pasaría después, en donación, a la hija de ambos, Mónica Tzasna Arriola Gordillo. Y ulteriormente a la primogénita, Maricruz Montelongo Gordillo. En el presente, la oficina del Registro Público de la Propiedad no reporta que esta casa siga perteneciendo a la familia de la líder magisterial.
En 1986, la familia Gordillo adquiriría también una pequeña casa en la colonia Chapultepec Polanco, la cual quedó igualmente a nombre de Mónica Tzasna Arriola Gordillo. Veinte años después, en 2007, esa edificación sería demolida para construir en su lugar un conjunto de varios departamentos que fueron vendidos bajo el régimen de condominio. La segunda de las hijas de la profesora conservó uno para ella.
Durante el año 1990, Maricruz Montelongo Gordillo, entonces casada con René Fujiwara Apodaca, adquirió una casa en la calle de Laplace número 7, situada en el barrio de la Anzures, contiguo a la zona de Polanco. Este inmueble fue vendido a la hermana de la profesora, Martha Leticia Gordillo Morales, en el año de 1997.
También en 1990, Maricruz Montelongo compró, en copropiedad, una residencia de alrededor de 740 metros cuadrados en la calle Bosques de Reforma número 788, ubicada, de nuevo, en el fraccionamiento Bosques de las Lomas. El pago por ese inmueble fue de alrededor de 30 mil dólares. En mayo de 2007, la residencia en cuestión fue vendida a la señora Carmen Valdivia González por la cantidad de 9 millones 267 mil pesos.
En 1991, René Fujiwara Apodaca, primer marido de Montelongo, adquirió un departamento de 294 metros cuadrados en el séptimo piso de lujoso edificio ubicado en la calle Galileo número 7, colonia Polanco. Según consta en el Registro Público de la Propiedad, este individuo pagó alrededor de 35 mil dólares por él. Diez años después, el 9 de febrero de 2001 lo entregaría en donación a su hijo, René Fujiwara Gordillo. A partir del año 2002, la profesora rentó este inmueble al intelectual y entonces canciller de la República Jorge Castañeda Gutman.
En 1996, esta familia adquiriría dos pequeños departamentos más en un edificio ubicado en la calle Dickens, también de la colonia Polanco. El referido al número 3 quedaría en propiedad de la señora Esthela Morales Ochoa mediante un pago de 450 mil pesos. Luego, durante el verano del 2002, según consta en expedientes públicos, lo donó a su nieta Érika Hernández Gordillo.
El segundo en el mismo edificio de la calle Dickens sería el apartamento número 7, el cual quedó a nombre de la profesora hasta el año 2002, fecha en que se lo vendió a su sobrino Ismael Hernández Gordillo. Este es el inmueble que la líder magisterial rentaba durante los primeros años 80.
También alrededor de 1996, esta familia adquirió otra propiedad en la calle Bosques de Caobas número 75 del multicitado fraccionamiento Bosques de las Lomas. Existen registros de que en ese inmueble vivieron, por lo menos hasta el año de 1998, las dos hijas de la líder magisterial.
En 1997 se compraría un segundo apartamento en el lujoso edificio de la calle Galileo. Por medio de la Inmobiliaria Galilei, SA de CV, en la que se encontraban asociados las hijas, la madre y el cuñado de la profesora, se hizo la compra de un penthouse de alrededor de 300 metros cuadrados de construcción distribuidos en dos niveles. Según consta en el Registro Público de la Propiedad, el apoderado de esta compañía, Ismael Hernández Casaos —cuñado de la profesora Gordillo— pagó alrededor de 5 millones de pesos por el inmueble. Luego, el 7 de junio de 2002, dicha propiedad pasó a formar parte de un fideicomiso radicado en el banco Scotiabank Inverlat, cuya beneficiaria única es la señora Elba Esther Gordillo Morales.
Parece ser que, también durante los años 90, la familia de la dirigente magisterial compró otro inmueble en el número 96 de la calle Paseos de los Ahuehuetes Norte, en Bosques de las Lomas. Sin embargo, no existe referencia sobre éste en los archivos actualizados del Registro Público de la Propiedad.
Asimismo, durante la década de los 90, la profesora Gordillo Morales se hizo de una amplia y soleada casa de descanso cerca de la ciudad de Cuautla, estado de Morelos. Este inmueble se encuentra ubicado en el pueblo Ciudad Ayala, dentro del municipio de Olintepec.
La líder de los trabajadores de la educación compró también una residencia en el condado de San Diego, California, dentro del bellísimo fraccionamiento conocido como Coronado Cays.
Un detalle que llama la atención sobre el manejo patrimonial de la profesora y sus parientes más cercanos es que, a partir del comienzo de la década actual, esta familia haya procedido, bien a vender algunas de sus propiedades, bien a donarlas a las siguientes generaciones, o bien a traspasarlas a uno o varios fideicomisos. Resulta probable que esta decisión haya estado fundada en las averiguaciones que la prensa mexicana ha hecho a propósito del enriquecimiento que la líder del magisterio ha experimentado en las últimas tres décadas.
* Extracto del libro ‘Los socios de Elba Esther’, próximo a aparecer bajo el sello de editorial Planeta





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