jueves, mayo 03, 2007

 

LUDUEÑA, UN CRACK


Jaime Muñoz
Luego de 32 años como devoto futbolero sé lo suficiente sobre soccer como para entender que, sin apasionamiento, dicho esto de la manera más serena posible, el Santos sólo tiene a un jugador ubicado por encima del promedio: Daniel Ludueña. En realidad no sé qué anda haciendo aquí, pues su categoría está para otras ligas más exigentes, para encuentros con un nivel más alto que el desarrollado de ordinario en el torneo nacional. Cuando recién llegó a México contratado por el aborrecible equipo de los Tecos, esto en mayo de 2005, vi repeticiones de sus jugadas y de inmediato percibí que se trataba de un fuera de serie en el contexto nacional. Provenía del Ríver, lo cual garantizaba de antemano su solvencia, pero era necesario verlo en acción, sentirlo gravitar en una cancha local, como pronto ocurrió.Los juegos de los Tecos no los veía yo (no los veo todavía) ni amarrado a una silla, pero en las resúmenes dominicales de tv encontraba a flashazos el talento de Ludueña. De inmediato, en aquella su primera temporada tapatía, el argentino desparramó pinceladas memorables en la cancha, jugadas que sólo unos pocos pueden consumar de una manera casi habitual, como si la genialidad fuera parte de su comportamiento ordinario. Un quiebre, un desborde, un centro, una definición, un cambio de juego, una recepción, todo lo que Ludueña hacía con los Tecos me dejaba cada vez más convencido: este desgarbado, aunque a veces parece un tanto apático, es el mejor extranjero que se desempeña ahora en nuestro país, lástima de equipo detestable el que lo trajo.Por esa razón, cuando a finales de 2006 se anunció su llegada al Santos no pude menos que sonreír con la noticia. La cosa empezó mal, sin victorias, en sequía casi absoluta, pero secretamente, sin hacer mucha alharaca, el morocho Ludueña, este “cabecita negra” de la hermana república conosureña, dio pases, gambeteó cuanto quiso, marcó algunos tantos e hizo durante la temporada lo que ningún otro jugador albiverde: garantizar en cada una de sus acciones una sorpresa, un riesgo, una elección diferente, tanto que sin duda fue el único capaz de inquietar a los rivales, el único provisto de armas inesperadas.El domingo pasado, aunque la crónica deportiva apenas resaltó su desempeño, fue el mejor (otra vez) del club lagunero.Resalto sólo tres de sus aciertos: en el primer tiempo, un disparo de latigazo (tapado por el Conejo Pérez); en el segundo, un pase filtrado con chanflecito bien acá y el cambio de juego (perfecto, poético) que a la postre propició el segundo gol. Pase lo que pase, Ludueña ya desquitó su sueldo en el Clausura 2007. Es un pinche crack.





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